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HISTORIA DE LAS LAMPARAS

Historia de las lámparas

Las primeras formas de lámpara eran palos ardientes o recipientes llenos de brasas. Luego se utilizaron para alumbrar antorchas de larga duración, formadas por haces de ramas o astillas de madera resinosa, atados y empapados en sebo o aceite para mejorar sus cualidades de combustión.

Se desconoce el origen exacto de la lámpara de aceite, la primera lámpara auténtica, pero ya se empleaba de forma generalizada en Grecia en el siglo IV a.C.

Las primeras lámparas de este tipo eran recipientes abiertos fabricados con piedra, arcilla, hueso o concha, en los que se quemaba sebo o aceite (se usaba ya en el neolítico superior). Con este descubrimiento nace la lámpara primitiva, que se reducía a una escudilla de piedra con una ranura para la mecha, hecha de musgo y una empuñadura para la mano lejos de la llama. De este tipo de lámparas se han hallado varios ejemplares del Neolítico. Estas lámparas de piedra siguen usándose por algunos pueblos primitivos como los esquimales aleutas de Alaska, usando como combustible aceite de ballena.

Después de que se introdujera el gas del alumbrado a principios del siglo XIX este combustible empezó a usarse para la iluminación de las ciudades.

Se empleaban tres tipos de lámpara de gas:

1- El quemador de tipo Argand.

2- Los quemadores de abanico, en los que el gas salía de una rendija o de un par de agujeros en el extremo del quemador y ardía formando una llama plana.

3- La lámpara de gas incandescente, en la que la llama de gas calentaba una redecilla muy fina de óxido de torio (llamada camisa) hasta el rojo blanco.

En los lugares a los que no llegaba el suministro de gas se seguían empleando quinqués de aceite.


Lámparas antiguas

 

Los pueblos mediterráneos empleaban conchas marinas en el cuarto milenio a. de J.C. En los tiempos homéricos se colocaban sobre altos postes, braseros que se alimentaban con leña y astillas. Este tipo de brasero colgante se emplea en la India para ceremonias religiosas.

Las lámparas griegas y romanas tienen su origen en Egipto, siendo hondas y redondas, con un mango y decoradas con rayas, palmetas y dibujos similares. Se llenaba de aceite o de grasa y sobre su superficie flotaba la mecha. La lámpara romana tenía dos aperturas. La del centro era para cargarla y en el lateral, otra donde salía la mecha. . Algunas lámparas grandes griegas y romanas tenían numerosas mechas para dar una luz más brillante. Sus decoraciones eran más elaboradas, con imágenes mitológicas, con forma de animales o busto humano, recibiendo unas y otras el nombre de lychnos entre los griegos y lucerna entre los romanos

En la Europa septentrional la forma de lámpara más común era una vasija abierta de piedra llena de sebo, en la que se introducía una mecha. Los inuit (esquimales) aún emplean lámparas de ese tipo.

Lamparas de tuetano mostradas en el museo de altamira

Ilustración de Arturo Asensio para la exposición La mirada al paleolítico

Lámpara romana con motivos en releieve de gladiadores

Lámparas modernas

En el siglo XVIII se produjo un gran avance en las lámparas cuando las mechas redondas fueron sustituidas por mechas planas, que proporcionaban una llama mayor.

El químico suizo Aimé Argand inventó una lámpara que empleaba una mecha tubular encerrada entre dos cilindros metálicos, alimentada a petroleo. El cilindro interior se extendía hasta más abajo del depósito de combustible y proporcionaba un tiro interno.

Argand también descubrió el principio del quinqué, en el que un tubo de vidrio mejora el tiro de la lámpara y hace que arda con más brillo y no produzca humo, además de proteger la llama del viento.

El tiro cilíndrico interior se adaptó después para utilizarlo en lámparas de gas inventadas por Lebon..

Aimé Argand
Farolero encendiendo el alumbrado
Quemador tipo Argand

Hasta mediados del siglo XIX el principal combustible para esas lámparas era el aceite de ballena. Dicho material fue completamente sustituido por el queroseno, que tenía la ventaja de ser limpio, barato y seguro.

En 1852 aparece el mechero Bunsen, inventado por el quimico aleman Robert W. Bunsen (1811-1899), que habría de provocar el invento del quimico austríaco Karl Auer (1858-181929)

Mechero Bunsen


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Tomas Edison

En 1855 construye el estadounidense N. Silliam una lámpara de petroleo que, a causa de la baratura de éste, hizo bajar el precio del alumbrado por gas, que por aquel entonces comenzaba a sufrir la competencia de la luz electrica.

En 1878 Edizon perfeccionaría un sistema que venia de 1813, la luz electrica, inventando la lamparita o bombilla incandecente, que llevó la luz, cómoda, limpia y barata, hasta los hogares más modestos.

Las primeras lámparas de araña

Con el siglo XVIII empiezan las arañas fastuosas adornadas con numerosos colgantes de vidrio que en las más ricas llegan a ser de cristal de roca. La lámpara de queroseno fue construida por un científico polaco, Ignacy Lukasiewicz, en el año 1856.

A finales del siglo XIX, ambas formas de iluminación dieron paso a las lámparas eléctricas incandescentes y fluorescentes. En algunas zonas rurales siguen empleándose de forma limitada lámparas de queroseno o lámparas de gas incandescente.

 

Lampara Museos Capitolinos
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